- Hola.
- Hola, buenos días - balbuceó Pablo.
- ¿Te gusta lo que ves?
- ¿Perdón?
- Pregunto por la capilla - preguntó la mujer.
- Me encanta, es una obra excepcional - contestó Pablo.
- Lo cierto es que no lo acabo de entender. ¿Podrías explicarme la obra?.
- "Si frente al Juicio Universal quedamos deslumbrados por el esplendor y susto, admirando por una parte los cuerpos glorificados y por la otra aquellos sometidos a la condena eterna, comprendemos también que toda la visión está profundamente impregnada de una sola luz y una sola lógica artística: la luz y la lógica de la fe que la Iglesia proclama al confesar: Creo en un solo Dios... creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles e invisibles". Estas palabras fueron expresadas por Juan Pablo II en la homilía de la misa celebra el 8 de abril de 1994 en la capilla sixtina, al final de 14 años de trabajo de restauración. Creo que lo único que trata de mostrar es la magnificencia de la Iglesia, lo omnipotente de su creador.
- Parece muy metafórico. La verdad es que no soy una mujer que le gusten las cosas metáforicas. Prefiero los hechos.
Pablo no sabía muy bien a que venía esta conversación, pero la mujer parecía muy interesada en él.
- Por cierto, mi nombre es Ivana.
- Yo me llamo Pablo. Encantado.
- En Rusia tenemos un dicho: "Si con un zar te has de topar, un presente le tienes que otorgar". Tu nombre es el de un descendiente de los Romanov, por lo tanto te otorgo un presente.
Todo era bastante extraño, pero Pablo no pretendía ser descortes. Ivana abrió su bolso y saco una figura. Era una recreación a escala del Coliseo Romano.
- Te lo recomiendo. Creo que debería ser vuestra próxima visita. De hecho, si vas por alli mañana a las 12:00 de la mañana te recomiendo que accedas a la Cavea, a la zona del maenianum primum. Tiene unas vistas preciosas a esa hora de la mañana - avisó Ivana.
- Me parece que deberá ser la visita de mañana. Muchas gracias Ivana.
- De nada, es todo un placer. Volveremos a vernos pronto... - se despidió Ivana.
Y la mujer de rojo se alejó hasta desaparecer como un fantasma. Acto seguido los amigos de Pablo acudieron en su busqueda.
- Pero que ven mis ojos, Pablito hablando con desconocidas. Un calendario, necesito un calendario, esto lo tengo que marcar - reía Carlos.
- ¿Que te ha contado? ¿Tiene novio? ¿Te ha invitado a cenar? Cuentanos algo que nos tienes en ascuas - preguntaba ansioso Raúl.
- Dejame ver ese regalo... - pidió Rafa.
Era una bonita réplica del Coliseo, con una base extraña. En un pequeño giro sonó un extraño clic...

Buenos días
ResponderEliminarMe parece que la historia esta tomando un camino estilo Codigo Da Vinci.
Creo que lo mejor sería que dentro de la Torre Eiffel hubiera algo que les hiciera ir a Paris.
Un saludo
Buenas tardes
ResponderEliminarLa aportación de Francisco me parece muy buena, asique seguiré por este camino.
Creo que dentro de la Torre Eiffel debería haber unas instrucciones que los chicos deberían seguir para encontrar algo en la Torre Eiffel, una especie de busqueda del tesoro.
Gracias
Buenos días
ResponderEliminarAgradezco muchísimo vuestro comentario, aunque parece que habeis Francisco tuvo un deja vu y Alberto le siguió, ya que el presente que otorga Ivana es el Coliseo, y no la Torre Eiffel, pero me dan pistas para seguir la historia.
Muchísimas gracias por todo