- Lo cierto es que me esperaba algo más viniendo de esa mujer tan espectacular, algo así como su número de teléfono, pero parece que hoy no vas a tener suerte jefe - comentó Carlos.
Los 4 amigos dieron por hecho que allí no tenían nada más que hacer y llegó la hora de comer, así que buscaron un restaurante para comer algo.
- Hoy me apetece algo de comida italiana, lo cual no creo que sea dificil, ¿o si?, por que en casa del herrero... - dijo Raúl.
- Tranquilo Raulito, haremos tus deseos realidad - dijeron riendo los 3 amigos al unísono.
Ya que parecía que iban a quedarse otro día más en Roma decidieron buscar un hotel y vieron que cerca del Coliseo estaba el Hotel Fori Imperial, por lo que emprendieron el camino para realizar la reserva para esa noche.
Os pondré un poco más en situación acerca del viaje para que os hagaís una idea.
Eran 4 compañeros que estudiaban en el mismo campus universitario, Universidad Alfonso X el Sabio de Villanueva de la cañada. Pablo estudiaba Turismo, Rafa hacía lo propio con Informática, Raúl y Carlos hacían lo que podían con Administración y Dirección de Empresas. Todos eran de Cáceres y se conocían desde hacía 7 años estudiando juntos en el Brocense. Todos tenían 21 años y habían decidido pasar un verano por Europa. Estaban a 2 de julio y habían decidido comenzar su viaje visitando Italia y más concretamente su capital Roma.
Al llegar al hotel no tuvieron ningún problema en conseguir dos habitaciones en la misma planta, y decidieron comer en el propio restaurante del hotel.
Durante la comida se produjo una amena charla.
- Vamos a ver Pablo, ¿que piensas de todo esto? Quiero decir que una mujer espectacular se te acerque en el Vaticano, sin venir a nada te de un regalo y te ofrezca visitar una de las partes más importantes de la ciudad a una hora determinada. ¿No te parece raro de cojones? - preguntó Rafa.
- La verdad es que a cualquiera que le digas algo te dice que tiene pinta de película de intriga, pero como dirían en Matrix, creo que debemos ver a donde nos lleva la madriguera de conejo, ¿no creéis? - comentó Pablo.
- Yo estoy contigo, aunque solo sea por dejar de ver monumentos y ver si pillamos algo. Quiero decir, ver la ciudad y demás es bonito, pero algo de acción no viene mal, alguna fiesta, algunas italianas... - dijó Carlos mientras devoraba sus macarrones con tomate.
- Lo cierto es que a mi no me suena nada bien, creo que tendriamos que pensarlo. - comentó con gesto serio Raúl.
- Mirad, yo creo que esto es lo que debemos hacer. Pasamos la tarde en el hotel con unas partidas a la PSP y unos cigarritos aliñados, y esta noche vemos si se puede salir a tomar una copa, y posteriormente lo comentamos con la almohada. Si mañana queremos ir a la misteriosa cita en el Coliseo, pues vamos; que no, puede nada, a seguir pensando que hacemos. Es sencillo como la vida misma. - clarificó Carlos.
- Estoy de acuerdo, me parece lo más sensato. Divirtamonos un poco y decidamos mañana. - admitió Pablo.
- Ese es mi Pablo. Por cierto, espero que os hallais traido el Burnout, que os voy a destrozar... - sonreía Carlos.
Los 4 amigos terminaron la comida y se reunieron en una misma habitación para jugar. Lo que no sabían es si podía tratar de su última partida...
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