domingo, 24 de mayo de 2009

Capítulo 4

Al llegar la noche los 4 amigos estaban listos para salir a tomar algo y visitar la vida nocturna de Roma. Lo cierto es que no sabían demasiado bien donde ir ya que la primera vez que estuvieron en la ciudad fue hace bastante tiempo, pero intentaron probar suerte hablando con el recepcionista del hotel. Les comentó que existía una discoteca en pleno centro de la ciudad llamada La Maison, así que fueron hacía allá.
Lo cierto es que la noche no les fue mal. Conocieron gente, bailaron con chicas, bebieron buenos rones y acabaron llegando al hotel a las 5 de la mañana, con la intención incluso de hacer las maletas ya que debían dejar la habitación a eso de las 10.
A la mañana siguiente todos estaban desayunando a las 9:30, con la intención de averiguar que podrían hacer en el dia de hoy.

- ¿Habeis pensado algo acerca de lo que hablamos anoche? - preguntó Pablo.
- Creo que lo mejor es que vayamos al coliseo. - sugirió Carlos.
- Bueno, lo cierto es que no esperaba menos de ti, Carlos, pero no creo que sea buena idea - rebatió Rafa.
- Vamos a ver, es absurdo. Quiero decir, de todas formas pensabamos ver el Coliseo, ¿no?, pues vamos y ya está. De todas formas a las 12 estará lleno de gente, no creo que nadie quiera hacer nada malo. Me parece que empezaís a desvariar. - sugirió Carlos.
- Creo que Carlos tiene razón. - comentó Raúl - No tenemos por qué ir directamente a la Cavea. Podemos dar una vuelta y si vemos algo raro, nos vamos y ya está.
- Como querais, pero no querría deciros que os lo advertí. - dijo Rafa.
- Hablado entonces. Dejemos las maletas en recepción y vayamos a visitar el Coliseo - asintió Pablo.

Era un día precioso en Roma. Cielos despejados, 24 grados. Precioso. Se daban todas las características para que hubiera una cola tremenda a la entrada del Coliseo.

- Sabía que teniamos que habernos levantado antes, sabía que esto iba a pasar. - dijo Pablo.
- Tranquilo señor, son las 11:30. Creo que para las 12:00 estaremos dentro. - predijo Carlos.

13:00 de la tarde. Los 4 amigos cruzan la puerta. Como adivino lo cierto es que Carlos no tiene precio. Siguieron a un guía que hablaba perfectamente italiano, español, frances, ingles y alemán. Pudieron adivinar eso por qué los japoneses y chinos ponían caras aún más extrañas al dirigir sus vistas hacia el guía. Pronto decidieron que lo mejor era conocer el Coliseo por su cuenta, por lo que abandonaron el grupo. Se dispersaron. Cuando se dirigian a visitar la fatidica parte de la Cavea, es decir, la zona del Maenianum Prinum, sonó el móvil de Raúl.

- ¿Si? Hola mamá que tal estás. Estamos en el... ¿Cómo? ¿Que el abuelo que? Cojo el primer vuelo mamá.
- Chicos, he de volver a España. Mi abuelo ha sufrido un infarto y está grave - dijo Raúl.
- Nos vamos contigo. - contestó Rafa.
- Si tio, no vamos a dejarte tirado - dijo Carlos.
- Que va, por nada de el mundo. Llevais planeando 1 año este viaje y no os lo voy a joder. Además, en cuanto se ponga mejor me decis en que parte de Europa estais y vuelvo con vosotros. - comentó Raúl.
- ¿Seguro? Nosotros queremos ir contigo, nos parece mal quedarnos por aquí. Lo planeamos los 4. Podemos volver otro verano. - dijo Pablo.
- Que va, seguro. Voy al hotel, cojo las maletas y me vuelvo. Pasadlo en grande. Os llamo en cuanto aterrice. - dijo Raúl.

Dicho y hecho. Salió del Coliseo rumbo al hotel y en dos horas estaba en Barajas.
Cuando Raúl les dejo, los 3 amigos se quedaron bastante raros, ya que les parecía mal haber dejado que su colega se marchara solo. Pero creeyeron que si su amigo les dijo que no le importaba, sería mejor así.

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