El dia amanecía tranquilo. Las calles en Roma eran demasiado tranquilas para lo que era habitual en esta gran ciudad de la majestuosa Italia.
Desde la ventana del hotel se podía divisar la Fontana di Trevi. Los majestuosos dioses del Olimpo griego deben estar revolviendose en sus tumbas al contemplar tal obra. La fuente está situada en el cruce de tres calles (tre vie), marcando el punto final del Aqua Virgo (en italiano Acqua Vergine), uno de los antiguos acueductos que suministraban agua a Roma. La construcción de esta majestuosa fuente se debía a la costumbre romana de finalizar los acueductos que traían agua a la ciudad con un monumento. En 1453, el papa Nicolás V terminó de reparar el acueducto Aqua Virgo y construyó una simple pila, diseñada por el arquitecto humanista Leon Battista Alberti, para anunciar la llegada del agua.
Se podía decir que era el monumento favorito de Pablo en Roma. Nunca se cansaba de admirarlo, incluso más que el titátino Coliseo.
Pero esa mañana tenía un brillo especial, un brillo del que incluso Rafa se había percatado.
- ¿Qué pasa Pablo, admirando tu bella dama desde por la mañana? - comentaba Rafa desde la cama.
- Hoy dejamos Roma, por lo que puede ser la última vez que la vea de cerca - rebatió Pablo desde la ventana.
- Tampoco es para tanto. No creo que nadie la vaya a mover de ahí. Y no sabemos lo que nos deparará el destino...
Lo cierto es que lo único que les deparaba el destino en un corto espacio de tiempo era tener que abandonar la habitación, por lo que se ducharon y arreglaron lo más rapido que pudieron para poder llegar al desayuno que incluía la estancia en el hotel.
Al llegar al restaurante, a eso de las 8:30, se encontraron con sus compañeros, los cuales ya habían llegado al punto de encuentro.
- Venga ya dormilones, que tenemos mucho que patear hoy - saludó Raúl.
- Dejalo Raúl, está claro que estos dos no se activan a no ser que les digas que lo próximo que van a ver son unas chicas jugando al futbol a las 5 de la tarde en pleno agosto - reía Carlos.
Tomaron su desayuno de todas las mañanas, el cual estaba formado por zumo de naranja, leche, cereales y alguna tostada de mermelada de fresa, ignorando que sus vidas iban a dar un giro de 180º.
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